EL LINO

Este arbusto procede de la linaza, cuya harina se usó mucho para cataplasmas. Se siembra en el mes de octubre, en un campo previamente preparado. Al poco de germinar, se "rastra" la tierra, arrancando las hierbas inútiles que nacen en el linar. Una vez madura la planta, cuando llega el mes de mayo o junio, es el tiempo de la recogida. Se hace arrancando la planta a mano y atándola en manojos, que se colgarán después en la tenada, en el corredor o en la panera, para que seque.

Una vez curado viene la "debaga", animada por los niños que saltan sobre la ponxa y linaza.
En un remanso del río, aprisionados por medianas piedras con el fin de que no los lleve la corriente se remojan los manojos para que fermenten con el agua y con el sol, pasando en esta operación ocho o diez días, hasta que las fibras se desprendan a todo lo largo del tallo.

Las jóvenes se encargan luego de lavar los manojos y tenderlos al sol en la ribera. Una vez secos, se machacan sobre el "tayu", o sobre una simple piedra a golpe de machica o a golpe de pilón (mazo de madera dentado movido a pie) que caía sobre otro madero dentado igualmente, entre los que pasaban los haces para hacerlos más flexibles. El calor del horno facilitará la operación del "espadeo", pues estando crespos sueltan mejor el "tasco". La operación de espadar el lino se hacía sobre un caballete de madera,hasta convertirlo en filamento o "cerra". Doce "cerras" pesan aproximadamente una libra. Los filamentos o "cerras" se "restriellan" sobre las púas de un instrumento, que aún puede verse en muchas casas antiguas, llamado
"rastrillo". En él quedan las "puntinas". En una segunda pasada sacan la "mediana". Lo que queda en la mano después de las dos operaciones se llama "cerro", y es de donde se sacan los lienzos más finos.
Del "tasco", una vez machacado y espadado, se sacan los "pontones", pero no se pasan por el "rastrillo". El filamento se clasifica y retuerce en forma de coletas. Cuando llegue el invierno será la materia prima para llenar las horas del "filandón", trabajándolo en la rueda o aspa y convirtiendo las "mazorgas" o husadas (porción de lino hilado que cabe en un huso), en "cadexos". Los "cadexos" se blanquean en una operación que se repite cinco o seis veces. Todas las piezas de lino eran lavadas en aquellos elementales artefactos, lavadoras primitivas, que constaban de las siguientes piezas: el "arna" (aro) hecho con la corteza de un tilo previamente seleccionado en el bosque. El "arna" se cosía con tiras de la misma corteza, o mejor con tiras de "chamera" (árbol parecido al tilo). Una vez cosido "se arnaba" con madera de avellano; es decir se le ponía un aro por la parte superior para poder asirlo mejor y sujetarlo, aumentando así su resistencia (algo así como hacen los "goxeiros" con los "goxos" o "maconas").

El "arna" se colocaba sobre el "bogadoiro" especie de plataforma redonda con un pequeño canalito para dar salida al agua. Fue de madera al principio hoy se conservan muchos de piedra.
Para colocar la ropa se solía empezar por una sábana vieja u otra ropa que estuviera un tanto estropeada, pues era la que estaba en contacto con la madera o piedra y era más fácil que sufriera algún deterioro. Luego las demás piezas, ordinariamente todas de lino. Se cubría todo con una bolsa de tela fuerte conteniendo ceniza, llamada "cernedeiro", con el fin de que ésta pasara a la ropa. La ceniza tenía que ser de leña, y a ser posible leña de roble.

El lavado tenía su técnica. Se empezaba con agua tibia. Poco a poco se iba vertiendo agua cada vez más caliente, hasta que terminaba con dos o tres calderos de agua hirviendo. Cuando el agua empezaba a salir limpia, se recogía en un recipiente. Esta agua llamada "tcheixía", se usaba para ablandar la ropa negra antes del lavado, ya que esta ropa no se pasaba por la colada; simplemente se lavaba y se ennegrecía en agua de yedra cocida. Luego dejaban enfriar la colada para lavarla finalmente en el río.
En Castro (Somiedo) según Salustiano Feito, hubo un "arnero" muy famoso, cuyo afán era localizar tilos sin nudos para sacar el "arna" lo más lisa posible. Aquí se lavaban también los "cadexos" para una vez secos, devanarlos en el argadillo o devanadora de dos aspas o crucetas horizontales, una mayor que otra, colocadas paralelamente y separadas unos 0,35 o 0,40 metros. Una vez echos los ovillos se llevan al telar.

La artesanía popular Asturiana. ( Jose Manuel Feito.)